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:: editorial
¡Se nos rompe "la Bolsa"! - Octubre 2006

"…y su red se rompía…" (Lc. 5:6)

Redes que se rompen… Jesús también habló de odres viejos, que no pueden retener el vino nuevo, porque se rompen…

Cuando desde Diaconía promovimos la creación de una Bolsa de Trabajo, con la intención de servir de puente de comunicación y conocimiento entre las entidades diacónicas y los profesionales evangélicos, algunos creímos que no tardaríamos en recibir un montón de 'currículum vitae' que engordarían nuestra base de datos a la espera de que alguna de las entidades "les diera una oportunidad", tal y como sucede en otros ámbitos del mercado laboral español.

Nos equivocamos. Apenas unos meses después, nuestra Bolsa se está rompiendo…,¡pero no precisamente por el peso de los curriculums!, sino por la abundancia de entidades y nuevos proyectos que florecen por toda España, y que necesitan y desean contratar técnicos y profesionales evangélicos. Psicólogos, Trabajadores Sociales y Educadores Sociales, se llevan la palma…. Son los profesionales más demandados, y los que más escasean entre nosotros. ¿Por qué? Las respuestas pueden ser muchas, pero desde luego NO ES por falta de vocación de servicio.

Hoy no basta con "querer ayudar"…

Los evangélicos nos hemos destacado, históricamente, por esa vocación de servicio, que es inherente al espíritu cristiano, de manera distintiva. Allá donde hemos llevado el mensaje liberador del Evangelio de Jesucristo, también hemos llevado la escuela, el hospital, el hogar de niños y el asilo, estando en muchas ocasiones a la vanguardia en las iniciativas asistenciales - como sucedió con la creación de la Cruz Roja, el Ejército de Salvación y, en tiempos recientes, los Centros de Rehabilitación para drogodependientes, los proyectos de Acogida e Inserción de Inmigrantes, etc. - y también impulsando los cambios estructurales, promoviendo la libertad, la educación, la justicia y la democracia.

Todo esto lo hemos hecho, mayormente, con recursos propios - con mucha vocación y poco dinero -, con muchos sacrificios y, cuando ha sido necesario, con grandes dosis de heroísmo. Esta vocación cristiana es nuestra seña de identidad y no debemos perderla bajo ningún concepto, antes debemos saber transmitirla a las nuevas generaciones.

Pero esa vocación debe desarrollarse hoy en un escenario distinto al de nuestros predecesores, y con actores bien preparados. Es necesario adaptarnos a los nuevos tiempos, de lo contrario desaprovecharemos nuevas puertas de servicio y testimonio cristiano que están abiertas delante de nuestros ojos, para que las atravesemos.

Hoy no basta con "querer ayudar"… En un mundo complejo y sofisticado como el que vivimos, las necesidades humanas también son más complejas y sofisticadas y, hasta para colaborar como "voluntario" en un proyecto de intervención social, se requiere una mínima formación.

Adaptarnos a la nueva situación.

Quienes llevamos algún tiempo trabajando con las entidades y ONGs evangélicas ya veníamos observando esta dificultad de encontrar personal cualificado dentro de nuestras iglesias, pero tampoco parecía que la demanda fuese muy grande. Quizás porque las pocas entidades que tenían recursos económicos suficientes como para contratar personal - fueran propios, o porque recibían algún tipo de financiación pública - ya tenían sus plantillas más o menos cubiertas. Y las restantes - que eran la inmensa mayoría - ni consideraban esa posibilidad, por razones de distinta índole.

Pero esta situación ha cambiado considerablemente. Por un lado, los Gobiernos han ido reconociendo el valor de la participación ciudadana, estableciendo su marco legal y promoviendo el asociacionismo y la cofinanciación - con dinero público (¡es decir, el nuestro!) - de los proyectos sociales y culturales de la ONGs. En este marco, las entidades evangélicas, que nunca hemos sido escasas en ideas ni en proyectos, estamos despertando a esta nueva realidad, aprendiendo a trabajar con las instituciones, diseñando proyectos, obteniendo y gestionando fondos públicos, y creciendo en nuestras posibilidades de servicio. La misma Oficina Técnica de Diaconía - que hoy trabaja codo con codo con las entidades evangélicas en el diseño y presentación de sus proyectos -, existe gracias a la posibilidad de contratar personal técnico cualificado.

Sin embargo, hemos pasado del tiempo en el que "la pescadilla se mordía la cola" - cuando no podíamos presentar proyectos subvencionables porque no teníamos personal técnico que pudiera preparar los proyectos, y viceversa -, hasta la actual situación de "embudo", en la que algunos buenos proyectos sociales de nuestras entidades se ven limitados, por falta de profesionales evangélicos.

Falta de personal técnico cualificado.

Casi todas nuestras entidades sociales han tenido que recurrir, en mayor o en menor medida, a profesionales que no profesan la fe evangélica para completar sus plantillas. Hasta ahora esto no ha sido un impedimento para el desarrollo de la labor de las mismas e, incluso, en ocasiones ha resultado una experiencia mutuamente enriquecedora. Sin embargo, algunas entidades advierten sobre la posibilidad de que, si esta tendencia no se revierte a mediano plazo, con una mayor incorporación de profesionales evangélicos, existe el riesgo de que la "identidad evangélica" de dichas entidades se vea afectada, como es natural.

La reciente creación de la Escuela de Diaconía España (EDE) intenta abrir caminos en ese sentido, formando a los voluntarios evangélicos que las entidades necesitan. Por algo se empieza…

Evidentemente, la formación de profesionales y técnicos excede el alcance de este proyecto incipiente. Pero creemos que la EDE puede hacer un papel de "revulsivo" en cuanto a renovar "los odres" de nuestra mentalidad cuando pensamos en el trabajo social, así como en la motivación de muchos hermanos y hermanas, de todas las edades, que descubrirán la importancia de prepararse y formarse, para que la vocación y amor que les impulsa desde lo más profundo de sus corazones cristianos, produzca un fruto más abundante y de mejor calidad.

Visión pastoral.

Pero independientemente de la labor de sensibilización que desde Diaconía, o desde las mismas entidades evangélicas, pueda realizarse en este sentido, nada es más decisivo que la influencia del pastor de la iglesia local.

Nos parece "crucial" por tanto que, quienes somos obreros y pastores de nuestro pueblo, nos demos cuenta de las muchas oportunidades de servicio y testimonio que se abren para aquellos hermanos - y sus iglesias - que estén dispuestos a pagar el precio de estudiar y prepararse para trabajar en el ámbito social. Puede que no sean profesiones tan remuneradas ni apreciadas como otras, pero hoy por hoy, desde el punto de vista de nuestra vocación cristiana, y mirando al futuro inmediato, pueden suponer una magnífica y "estratégica" apuesta.


Madrid, 3 de Octubre de 2006

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